
Happy Lent!
As we begin this sacred season marked by the ashes still fresh on our foreheads, imagine standing at the edge of a vast desert. The wind howls, your stomach growls, and a whisper slithers into your ear: "Did God really say that?" That question echoes from the very beginning of humanity to Jesus' temptation in the desert and straight into our own lives today!
Our readings today plunge us into the heart of temptation's ancient battle, where Adam and Eve faltered, sin spread like a shadow, but our Blessed Lord triumphed with the sword of God's Word. This Lent, God calls us not to repeat the Fall, but to follow Christ in victory.
The lush garden of Eden is where our story begins where God Himself formed humanity from the dust, breathing life into our nostrils, and planted a paradise of every tree pleasant to the eye and good for food including the tree of knowledge of good and evil. The gift of paradise was given and longed for ever since. Yet the serpent twisted God's command: "Did God really tell you not to eat from any of the trees in the garden?" As she ate and shared with Adam their eyes opened not to divinity, but to naked shame hiding from God.
This ripple effect of the Fall continued throughout our salvation history. Saint Paul gives us great hope: “if, by the transgression of the one, death came to reign through that one, how much more will those who receive the abundance of grace and of the gift of justification come to reign in life through the one Jesus Christ.”
We still get that silly question: "Did God really say that?" The duel in the desert in Matthew’s gospel has our Blessed Lord Jesus, led by the Spirit after forty days of fasting, he faces the tempter famished. He tried the old tactics used in the garden, but our Blessed Lord Jesus clings purely to Scripture, reversing the Fall. This showdown exposes that temptation preys on our deepest hungers. Notice we become desperate in making provisions, clinging to power & control promising godlike independence but delivering shame and death. Lent takes us back to the duel in the desert for that forty-day fast of a wilderness to confront our own serpents. Arm yourself like the Lord with reading of Sacred Scripture, disciplines that echo hunger for God over food, give alms weekly, pray the rosary, confession of sins and no more hiding because the angels await this victory. Remain with the One Lord Jesus Christ who reverses our falls and floods us with grace!
Feliz Cuaresma!
Al comenzar este tiempo sagrado marcado por las cenizas aún frescas en nuestras frentes, imaginen que están al borde de un vasto desierto. El viento aúlla, su estómago gruñe y un susurro se desliza en su oído: “¿De verdad dijo Dios eso?” Esa pregunta resuena desde los inicios de la humanidad hasta la tentación de Jesús en el desierto y llega directamente a nuestras vidas hoy en día. Las lecturas de hoy nos sumergen en el corazón de la antigua batalla de la tentación, donde Adán y Eva vacilaron, el pecado se extendió como una sombra, pero nuestro Señor bendito triunfó con la espada de la Palabra de Dios. En esta Cuaresma, Dios nos llama a no repetir la Caída, sino a seguir a Cristo en la victoria.
El exuberante jardín del Edén es donde comienza nuestra historia, donde Dios mismo formó a la humanidad del polvo, insuflando vida en nuestras fosas nasales, y plantó un paraíso con todo tipo de árboles agradables a la vista y buenos para comer, incluido el árbol del conocimiento del bien y del mal. El regalo del paraíso fue otorgado y anhelado desde entonces. Sin embargo, la serpiente tergiversó el mandato de Dios: «¿Es verdad que Dios os ha prohibido comer de todos los árboles del jardín?». Cuando ella comió y compartió con Adán, sus ojos se abrieron, no a la divinidad, sino a la vergüenza desnuda de esconderse de Dios.
Este efecto dominó de la Caída continuó a lo largo de nuestra historia de salvación. San Pablo nos da una gran esperanza: “Si por el pecado de un solo hombre estableció la muerte su reinado, con mucho mayor razón reinarán en la vida por un solo hombre, Jesucristo, aquellos que reciben la gracia superabundante que los hace justos.”
El exuberante jardín del Edén es donde comienza nuestra historia, donde Dios mismo formó a la humanidad del polvo, insuflando vida en nuestras fosas nasales, y plantó un paraíso con todo tipo de árboles agradables a la vista y buenos para comer, incluido el árbol del conocimiento del bien y del mal. El regalo del paraíso fue otorgado y anhelado desde entonces. Sin embargo, la serpiente tergiversó el mandato de Dios: “¿Es cierto que Dios les ha prohibido comer de todos los árboles del jardín?.” Cuando ella comió y compartió con Adán, sus ojos se abrieron no a la divinidad, sino a la vergüenza desnuda que se escondía de Dios.
Este efecto dominó de la Caída continuó a lo largo de nuestra historia de salvación. San Pablo nos da una gran esperanza: “Si por el pecado de un solo hombre estableció la muerte su reinado, con mucho mayor razón reinarán en la vida por un solo hombre, Jesucristo, aquellos que reciben la gracia superabundante que los hace justos.”
Todavía nos hacen esa pregunta tonta: “¿De verdad dijo Dios eso?.” El duelo en el desierto del evangelio de Mateo muestra a nuestro bendito Señor Jesús, guiado por el Espíritu después de cuarenta días de ayuno, enfrentándose al tentador hambriento. Este intentó las viejas tácticas utilizadas en el jardín, pero nuestro bendito Señor Jesús se aferra exclusivamente a las Escrituras, revirtiendo la Caída. Este enfrentamiento pone de manifiesto que la tentación se aprovecha de nuestras necesidades más profundas. Observen que nos desesperamos por hacer provisiones, aferrándonos al poder y al control que prometen una independencia divina, pero que traen consigo la vergüenza y la muerte. La Cuaresma nos lleva de vuelta al duelo en el desierto, a ese ayuno de cuarenta días en el desierto para enfrentarnos a nuestras propias serpientes. Ármate como el Señor con la lectura de las Sagradas Escrituras, disciplinas que reflejan el hambre de Dios por encima de la comida, da limosna semanalmente, reza el rosario, confiesa tus pecados y no te escondas más, porque los ángeles esperan esta victoria. ¡Permanezcan con el único Señor Jesucristo, que revierte nuestras caídas y nos inunda de gracia!
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