
Happy Ordinary Sunday!
As we enter the Second Week of Ordinary Time, the Church invites us to pause and listen again to who we are and to whom we belong. These weeks are meant to shape our daily discipleship, teaching us how to recognize God at work in the quiet faithfulness of everyday life.
What if we were to receive the Lord’s tender words of Isaiah, “You are my servant, Israel, through whom I show my glory.” God reminds us that we are known, called, and formed for a purpose. Even when our efforts seem small or hidden, the Lord assures us that our lives matter in His plan. He calls us not only for ourselves, but to be a light for others so that His salvation may reach “to the ends of the earth.”
And by God’s graces, we are called to be holy! That greeting we are familiar with at the Mass is used by Saint Paul to greet his community, “Grace to you and peace from God our Father and the Lord Jesus Christ.” These words are a reminder that grace and peace are gifts God desires to pour into our lives again and again. Much more impactful and meaningful than a “Good morning” from your priest!
In today’s Gospel, John the Baptist points away from himself and toward Jesus, proclaiming, “Behold, the Lamb of God.” John recognizes Jesus as the one who takes away the sin of the world and testifies that He is the Son of God. This moment is not only a revelation of who Jesus is, but it is also a model for our own lives. Like John, we are called to witness, to point others to Christ by the way we live, speak, and love. May our parish be a place where others can come to see, through us, the Lamb of God who brings hope and peace.
In the hearts of Jesus, Mary, and Joseph!
Feliz domingo ordinario!
Al entrar en la segunda semana del tiempo ordinario, la Iglesia nos invita a hacer una pausa y escuchar de nuevo quiénes somos y a quién pertenecemos. Estas semanas tienen como objetivo moldear nuestro discipulado diario, enseñándonos a reconocer la obra de Dios en la tranquila fidelidad de la vida cotidiana.
¿Qué pasaría si recibiéramos las tiernas palabras del Señor en Isaías: “Tú eres mi siervo, Israel; en ti manifestaré mi gloria?” Dios nos recuerda que somos conocidos, llamados y formados con un propósito. Incluso cuando nuestros esfuerzos parecen pequeños u ocultos, el Señor nos asegura que nuestras vidas son importantes en su plan. Nos llama no solo para nosotros mismos, sino para ser una luz para los demás, de modo que su salvación pueda llegar “hasta los últimos rincones de la tierra.”
¡Y por la gracia de Dios, estamos llamados a ser santos! Ese saludo que nos es familiar en la misa es utilizado por San Pablo para saludar a su comunidad: “la gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y de Cristo Jesús, el Señor.” Estas palabras son un recordatorio de que la gracia y la paz son dones que Dios desea derramar en nuestras vidas una y otra vez. ¡Mucho más impactante y significativo que un «Buenos días» de tu sacerdote!
En el Evangelio de hoy, Juan el Bautista se aleja de sí mismo y señala a Jesús, proclamando: “Éste es el Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo.” Juan reconoce a Jesús como el que quita el pecado del mundo y da testimonio de que Él es el Hijo de Dios. Este momento no solo es una revelación de quién es Jesús, sino también un modelo para nuestras propias vidas. Al igual que Juan, estamos llamados a dar testimonio, a señalar a Cristo a los demás con nuestra forma de vivir, hablar y amar. Que nuestra parroquia sea un lugar donde los demás puedan venir a ver, a través de nosotros, al Cordero de Dios que trae esperanza y paz.
¡En los corazones de Jesús, María, y José!
BACK TO LIST